En búsqueda de los zapatos perdidos

!Hemos sido víctima de un robo! Mejor dicho, de un secuestro, porque nos han quitado una parte fundamental de nuestro cuerpo: los zapatos. Los más viejos y desechos zapatos, acomodados a los pies de Remy, han desaparecido.

Pero quién podría llevarse esos vejestorios?

Llegamos a dormir a un albergue levantado entre árboles de ciruela en las afueras del pueblo de La Romieu. Dejamos los zapatos y las medias en la puerta. En la noche, al querer guardarlos…!solo estaban los de Gabriela! No pudimos dormir de la preocupación.

Salimos en la mañana, ya resignados. Remy en chancletas (que para el estado en que estaban los zapatos, da lo mismo). Estábamos molestos y tristes. Remy amaba sus zapatos y quería terminar con ellos estos dos años de viaje.

Por si acaso, entramos en la granja donde se guardan y se secan las ciruelas. Preguntamos a los trabajadores si no han visto un par de viejos zapatos. Claro, nadie vió nada.

Salimos decepcionados, y un hombre nos pregunta si seguimos al perro. Al rato un cuadrón de la granja sale con nosotros a hacer una requisa de toda la zona alrededor del albergue ( era una propiedad enorme).
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Todo el mundo en busca de alguna pista. El cuadron se aleja, nosotros a pie (y en chancletas) mirábamos al piso.

El cuadrón regresa con una plantilla en la mano.

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Prueba fiel de que el malandrín anda en cuatro patas!
A la media hora y en otra zona de la plantación, una media.

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Fuimos directo al problema. A la casa del perro. En la entrada…!La otra media! El no salió, como todo delincuente a lo lejos ve su fechoría.

Luego de una intensa búsqueda un zapato enterrado debajo de un árbol. La misma suerte 100 metros más lejos para el otro.

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!Tamaña infamia! Acariciamos y jugamos con el enemigo, sin saber que al irnos a cenar se llevaría, pieza por pieza nuestros más valorados instrumentos de caminata.

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Al final, Remy sigue con sus viejos zapatos que no se cansan ni de caminar ni de acumular historias graciosas.

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