Odette chante pour nous

Estos días de lluvia y fuertes vientos nos han impedido seguir la regla del juego de pasar la noche en cualquier esquina. La carpa la usamos una sola vez y nos ha tocado dormir  en diversidad de lugares, como este…
Hay los “gîtes de etapes” que son refugio para los peregrinos, donde te dan una cama, la comida y mucho cariño a cambio de un donativo. A las 19h00 nos reunimos todos a cenar. Alrededor de la mesa compartimos nuestras experiencias. Aqui se rompen las barreras, no importa la edad, el dinero, la nacionalidad, somos todos iguales…somos todos caminantes.

También hay de los otros. lugares donde te cobran hasta el uso de la cocina. Claro, donde hay gente también hay oportunidad de “bussines” y el espíritu de solidaridad va quedando a un lado. Eso ibámos pensando cuando a medio día mientras caminábamos en la lluvia, cansados y adoloridos nos preguntamos si es una buena idea hacer lo que estamos haciendo.

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Al rato, encontramos un “hostal de peregrinos” y le  preguntamos al encargado si nos permitía comer debajo de su techo para no mojarnos enteros. Nos dijo que le “era imposible”.No tuvimos más opción que seguir el camino.

Dos kilómetros más adelante encontramos una parada de bus. !Perfecto! Un techito para hacer los sánduches antes de seguir la ruta.Mientras comíamos y descansábamos los pies, una mujer se parquea y nos pregunta si tenemos dónde dormir. Le explicamos la situación y que íbamos a buscar el lugar más barato. Nos dió un número de telefono y se fue. A los cinco minutos recibimos una llamada. Su vecina nos invita a pasar la noche en su hostal. Colgamos el teléfono e inmediatamente Christiane volvió con su auto, nos compró dos pulseritas y nos llevó hasta el lugar indicado. Llegamos a una casa con grandes muros de piedra y un pequeño molino a la entrada.

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Estaba al final de una colina de donde se veía todo el pueblito de La Tuilerie. En la puerta nos esperaba Odette con su amplia sonrisa y su pequeño perro.

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Sin conocernos, nos hizo entrar en su casa al mismo tiempo que ella entraba en nuestro corazón.Compartimos una cena de lujo con los manjares de la región, postre de frutas y para terminar…karaoke!

Resulta que Odette después de su jubilación, descubrió su vieja pasión: el canto. Así que afinó su voz entre cursos, talleres y con la práctica diaria. Desde hace algún tiempo hace presentaciones en pueblos cercanos. Su tenacidad y su perseverancia la hace intentar canciones en otros idiomas, como el español. Ahí el click con Gaby, y que cantemos juntas, y que otra, otra.

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Y así pasamos una noche cálida entre los cantos de Odette.Para finalizar nuestra anfitriona llama a su vecina, una francesa que vivió en la Carita de Dios por ocho años. Entre “tipicof” y que el mayo ’68’, el Ejido, las farras y los panas nos dio media noche.

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Tarde para la vida de los peregrinos que ya a las 6 de la mañana comienzan a mover los pies. Pero nos fuimos a dormir tranquilos, con la respuesta a la pregunta del medio día.

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