LOS VIDE GRAINER, DONDE ENCUENTRAS… HASTA LO QUE NO TE IMAGINAS

Peluches, ollas, elepés en perfecto estado de Black Sabbath, Pink Floyd, AC/DC, ropa de todas las tallas, cunas, camas, camacunas, zapatos, monedas romanas, perritos de plástico, cables y enchufes de todas las épocas, armadores, cafeteras, anillos de oro, los mas deliciosos libros, escarpines, billeteras, postales. Todo lo que puedan imaginar, hay.

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Los vide grainer, animan esporádicamente los domingos de los pequeños pueblos franceses. En las calles se desbordan toda clase de objetos que sus dueños ponen en venta porque ya no les queda, ya nos les sirve, o descubrieron (después de tenerlos años empolvándose) que jamás los utilizaron.

Son mercadillos de pulgas, sin intermediarios. Familias completas se encierran en trincheras de cosas obsoletas y de medio uso. Es como poner tu intimidad al descubierto. Es más que abrir de par en par las puertas de tu casa…es salir de ella con todos tus tereques a mostrarte en la calle.

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Bueno, resulta que nos animamos con Remy a participar en una  de estas ferias poniendo en venta algunas cosas de él y las artesanías que vienen con nosotros desde América Latina.

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Lo interesante de esta experiencia fue vivir de cerca la real incoherencia del mercado, en un espacio donde por fin todo cobra su valor original: Pequeñeces (algunas bastante de mierda)  por las que se paga carísimo y tremendas joyas que son humilladas al regalarse en gangas.

A la vez que gracia, nos causó ternurita ver como los objetos se encontraban con sus verdaderos dueños. Con aquellos que los van a mimar, a utilizar, a valorar. Cada compra es un ritual que hasta podría llegar a contener cierta dosis de amor. Fue sutil ver la partida de tres perritos de plástico (que yacían en el fondo de una funda en la bodega de los padres de Remy) en manos de un viejito que emocionado los colocará en una vitrina hacinada de perritos de plástico. Por fin se hace justicia. Por fin las cosas entienden por qué fueron traídas a este mundo.

Lo que dos días antes pateábamos con Remy para que no entorpezca el paso, en dos segundos (y con una seguridad digna de un coleccionista profesional) fue adquirido por un señor que pondrá en ese díptico de cartón y cuero los mas diferentes cuadros, dibujos, bocetos, qué se yo. Pero esa firmeza en la compra era un indicador de que sabía lo que compraba, y de que valía mucho la pena llevárselo. El portapinturas dejaría de ser ignorado.

Una ridícula lámpara de cera y agua de los ‘90 estará a esta hora en el velador de ese niño de 5 años, explicando, quizá, por qué las modas suelen retornar cada dos generaciones.

Solo aquí se compra lo que de otra manera se regalaría (o hasta se pagaría porque se lleven)

Solo aquí toma valor lo inservible. Cachetada moral a los grandes mercados.

Es la mejor oportunidad de deshacerse de cosas inútiles y ganar dinero por eso. Es lo contrario al consumo. Es ganar por dejar ir las cosas.

Por otro lado, al ver tantas cosas buscando dueño y sumando los productos nuevos de los grandes centros comerciales, pareciera que en el mundo ya todo existiera, como para reciclarse tres veces.

Es increíble la cantidad de basura que generamos.

También se pone al descubierto esa obsesión social que tenemos de consumir, consumir al punto de alegrarnos tener un buen descuento en algo que ni pensábamos comprar.

En este punto me vuelvo bipolar odiando y amando los vide grainer. No sé si es una alternativa al consumo (si lo miramos desde la onda del reciclaje) o la madre de los instintos consumistas. La base de todo acumulador: llevar porque es barato, porque puede servir, porque está en buen estado.

Lo que si queda claro es que las leyes del mercado se van un poco al carajo. Que el valor de un objeto es subjetivo, dependiendo del momento y la necesidad del usuario.

Ayer volaba imaginariamente y veía filas de hormigas emocionadas entre caminos de basura.

En realidad es una buena alternativa si la combinamos con un menor consumo de cosas nuevas.

Ya todo existe en el mundo, para mí que andamos en tiempo suplementario, estamos en la plena producción de los excesos. Eso conmueve  cuando se contrasta con selvas y bosques deforestados, animales extintos, y personas que caen en el sistema y viven solamente para comprar, para adquirir y su vida gira alrededor de las cosas, cosas que al final terminaran en el mejor de los casos en un mercado de pulgas conocidos en Francia como vide grenier.

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