LA PRESENCIA POLICIAL, CUESTA.

Para regresar a Francia, por las fiestas navideñas y de fin de año, cruzamos rápidamente Alemania con la promesa de volver. De hecho, teníamos planificado quedarnos por estas tierras al menos siete días, pero recibimos un mail de la administración francesa para una nueva (pero fatigante) cita para seguir con los tortuosos papeles de la visa de Gaby. Este es un viaje paralelo, cansado, aburrido. En fin.

Teníamos tres días para cruzar de Phaga  a Lyon a través de más de mil kilómetros de carretera que no teníamos ganas de recorrer. Pero un viajero se da maneras de hacer divertido e interesante  el más impuesto de los caminos. Así que decidimos pasar una noche en la casa de la prima de Gaby (en la ruta), una noche que se hizo dos.

De Praga viajamos todo un día hasta llegar a Stuggart. Estábamos a una hora de llegar a casa de Isabel, la prima. Como, sobre todo, somos delicados, buscamos un amable Mc para usufructuar de su siempre abierto wifi.

Remy ya es un conductor profesional que los seis metros de largo los convierte en dos. Adoro la osadía con la que parquea la casita rodante en espacios que para mí parecieran reservados para motos. Con solo una mano y sin retrovisor parqueamos siempre de espaldas.

Remy conductor

En estos meses de viaje no hemos tenido contratiempos. Así que era ya obvio que la desgracia estaba cerca.

Al llegar al estrecho parqueadero del Mc. le dimos dos vueltas hasta encontrar un espacio libre. Por fin vemos uno justamente frente a la puerta, quizá no sería necesario bajarse de la combi, era cuestión de un mensaje y listo. Pero el mensaje se hizo obra.

El auto junto a nosotros nos amagó, o quizá fue la noche la que nos movió la perspectiva. Consecuencia: un rasponcito…para la kombi. Con lo que confirmamos que vivimos dentro de un crustáceo. Hasta ahora ella se nos había  presentado como dulce y delicada, pero está vez nos mostró la dureza de su caparazón. Lamentablemente el auto de a lado no tenía la misma naturaleza y el rasponcito mató su ojo izquierdo trasero.

lo dejamos ciego

Hacíamos los papeles correspondientes con el amable joven alemán y todo hubiese salido bien, sino fuese por la buena voluntad de la horrorizada cajera que llamó a la policía al vernos como ballena varada en su playa de estacionamientos.

Lo que pudo ser simple se complicó con dos policías que por solo confirmar que habíamos hecho todo bien nos querían cobrar 35 euros. Al principio nos resistimos: ¡ni en los países más cara de corruptos la policía te pide tan como si nada dinero por sus servicios! Nos horrorizamos, protestamos, resistimos, hasta que el dueño del auto ciego de un ojo nos prestó el teléfono y llamamos a mi prima, quien con sorpresa confirmó en Internet que, efectivamente, hay que pagar una tasa por  el “error”.

-Por qué le debemos dar 35 euros?

-Por nuestros servicios

-Pero nosotros no lo llamamos!?

-Alguien lo hizo. Ustedes cometieron un error. Por ese error vinimos. Ahora deben pagar,    por nuestra presencia.

-Aceptan cheques o tarjetas?

-Solo efectivo. Aquí no caben las bromas

Al final nos dieron factura y todo.  Así que, si viaja por las carreteras alemanas y por alguna razón chocan (esperamos que no les pase eso) a los daños súmele, siempre,  el pago de la presencia policial.

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