Citando a Wilfrido Vargas: “Coincidencia tal vez, o suerte…”

La vida es una serie de sorpresas. El 20 de marzo del año pasado Remy estaba arribando a Latinoamérica sin saber qué iba a venir con cada nuevo día. Las primeras doce horas fueron ya una aventura, pues olvidó en el bus que lo llevaría a la casa de su primer anfitrión sudamericano: su maleta de mano con su I-POD, la cámara de fotos nueva, el disco duro (que se fue vacío y con ganas de llenarse de recuerdos), guías de viaje y su tarjeta de identidad. ¿Una prueba de la vida, para ver qué tan listo estaba para todo lo que se venía? Quizá no. Quizá fue simplemente mala suerte, más, esta pequeña gran tragedia ya fue templando los nervios de este loco francés que sin saber una frase completa en español se atrevió a comprar un pasaje a Perú con un retorno a los 11 meses. Esta experiencia también fue la justificación perfecta para hacer más divertida e inolvidable la cena que tuvimos 3 semanas después en Cusco. Casualmente yo llegué al mismo sitió por otros azares de la vida.


Había decidido a inicios del 2012, que este año no sería un fin del mundo, sino un nuevo comienzo de mi propio mundo. Al 2011 lo despedí con golpes, patadas y escobazos antes de ser quemado (En Ecuador a las 24h del 31 de diciembre se quema un muñeco hecho de papel y juegos pirotécnicos, representando una llama de limpieza que olvida lo malo del año pasado y purifica el año venidero…como para empezar “nuevitos”). Pero el 2011 había sido tan malo que le caí a golpes. Y una de mis primeras metas fue hacer un viaje sola. El destino era Machu Picchu. En enero ya había comprado los pasajes, en realidad el pasaje, uno solo, yo me iba conmigo, y mi mochila sesentera, a experimentar la soledad a otro lado.
Con estas descripciones tan detalladas, pareciera que este post será de unas 20 páginas, más lo que sigue es rápido. Revisando mi diario y el primer blog de Remy, coincide que las expectativas eran las mismas: Descubrir nuevas culturas, formas de vida, gente…fiestas, cervezas, música. La curiosidad fue acercándonos sin que nosotros lo sepamos.
Couchsurfing es una red social de mochileros. Más de 6 millones de personas están inscritas. El objetivo es hospedar y/u hospedarse en casa de gente local del sitio que vamos a visitar. Yo llegué a casa de un agradable joven en Cusco, dejé mi mochila grande y con la pequeña emprendí el camino a Machu Picchu. Remy llegó a casa del mismo joven un día antes de mi regreso. Vio la mochila sesentera, sin saber si era de un chico o de una chica. Sin saber que meses más tarde iba a cargarla en las playas de Uruguay.
A veces el futuro se nos pasea por las narices, disfrutando de nuestra ingenuidad. A veces tenemos la respuesta a futuras preguntas en el momento presente, y esta se nos ríe, pues la vemos y no la reconocemos. No sé por qué se me vino a la mente el caso de esta pareja que encontró en un viejo álbum de fotos de uno de ellos, una foto de cuando eran pequeños. Ella posaba junto a un personaje de Disney, mientras por casualidad él aparece en su coche empujado por su papá (http://www.zonaj.net/noticia/1631/16/recien-casados-en-la-misma-foto-pero-cuando-eran-ninos/) .
En fin. Yo regresé a recoger mi mochila. Remy estaba en la habitación con su amiga de viaje Justine y un viajero suizo que se juntó a ellos. Conversamos un rato mientras yo arreglaba mi mochila grande para dejar esa noche Perú y empezar un nuevo país sola: Bolivia. Antes de irme cruzamos direcciones de mail, Facebook y fuimos todos juntos a cenar. Remy se ofreció a cargar mi mochila, sin saber que estaba practicando. Las risas sazonaron la cena (no fue un buen menú, más, qué podemos pedir por menos de dos dólares) y ahí quedo todo.
Luego de ese primer encuentro, sin saber, seguimos juntándonos por separado. Yo terminé mi viaje y Remy entraba a Ecuador. Recibí de él una solicitud de couchsurfing para ser hospedado en mi casa por un par de días. Su corazón se quedó junto al mío. La idea de dar la vuelta al mundo y soñar con viajar en kombi hizo un trabajo más rápido que cupido. Nos juntó profundamente en el primer beso. Desde ese día hasta hoy (casi un año) la idea se ha ido fortaleciendo al punto que… el pasaje está listo!! La ruta analizada (aunque con la convicción de que todo cambiará en el camino) y el estrés de los preparativos a la orden del día. Un compromiso de vida. Desde el primer momento el sueño se hizo realidad.
El blog entonces no es un inicio, es y será el testigo de una hermosa coincidencia de hace más de un año. Hay cosas que no se entienden, pero son mejor así. Al destino se lo escribe día a día, pero pareciera que tiene pequeñas trampas. Pareciera que por instantes pasamos de creadores a títeres. Estaba escrito. Y ya nadie puede frenar esta locura. Como la frase que encontramos en la ventana de una kombi en Argentina, podemos decir que próximamente “La kombi será nuestra casa y el mundo nuestro jardín”

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